Alega veterinario que fue despedido por homofobia

Mauro señaló que su despido, según sus patrones,  se debió a que no logró integrarse al equipo de trabajo y que sus compañeros no querían trabajar ya con él, para terminar diciendo, “en México somos muy machistas, hay mucha homofobia y mi esposo quiere matar a todos los gays”.

El 2 de diciembre del 2011, Mauro Pancrazi, veterinario especializado en el estudio de tortugas, de origen italiano, por medio de un contrato como asistente de campo con duración hasta el 30 de abril, llegó a sumarse a las filas de voluntarios del Campamento Tortuguero Don Manuel Orantes, ubicado en el Pueblo de La Playa, sin embargo, el jueves 2 de febrero, fue despedido por Graciela Tiburcio, coordinadora del Programa para Protección de Tortugas Marinas del Ayuntamiento de Los Cabos.

Tras un suceso ocurrido cuatro semanas antes de su despido, en el que compañeros de trabajo (a quienes había presentado una joven con la que frecuentemente salía), lo vieron en el comedor platicando con dos hombres, supuestamente homosexuales, todos le retiraron el habla, pero principalmente la bióloga Carmen Sánchez, quien además, dijo Pancrazi, “no me hablaba sino para reclamarme algo, me reclamaba de todo y me humillaba”.

Situación que la coordinadora Tiburcio informó a Mauro durante su despido, el cual se debió a que no logró integrarse al equipo de trabajo y que sus compañeros no querían trabajar ya con él, para terminar diciendo, “en México somos muy machistas, hay mucha homofobia y mi esposo quiere matar a todos los gays”.

Otra de las causas que Pancrazi da como motivo de su despido, es que Graciela le hizo saber que sentía que pasaba sus órdenes por alto y que le irritaba cuando Mauro le cuestionaba ciertas situaciones, como por ejemplo no poder utilizar la cuatrimoto para trabajar (a veces hacia recorridos caminando) o bien, el tener prohibido meterse a nadar en el mar.

Entonces a Mauro le dieron siete días para salirse del campamento, lo que confiesa lo sacó de equilibrio, pues firmó un contrato hasta el 30 de abril, por dos mil pesos quincenales, que además incluía casa y comida y se quedó sin nada, por lo que decidió acercarse a la Coordinación Municipal de Derechos Humanos, para solicitar orientación, donde también le ayudaron guiándolo a una comunidad, en la que hace labores a cambio de hospedaje y alimentación.

En un correo impreso que un día antes de su despido envió a Graciela Tiburcio y que forma parte de su expediente en Derechos Humanos, defiende su trabajo y le da sus puntos de vista, también le pide disculpas por errores o atrasos, con su respectiva justificación, la invita a mejorar su relación laboral y habla de experiencias en sus anteriores empleos.

“En todos los lugares donde fui tuve buenas relaciones con mis jefes, hablaron bien de mi y quedamos como amigos, me dieron buenas referencias y me gustaría quedarme así contigo. Sería la primera y única persona con quien quede mal y que se queja de mi profesionalidad. Vicente Guzmán me dijo, me gustas porque piensas como una tortuga; Patricia Huerta me dijo más de una vez y frente a otras personas, ojalá volviera a encontrar una persona tan apasionada por las tortugas como tú”, argumentó Mauro Pancrazi.

Fuente: Peninsular Digital